En plena Semana Santa, el infierno cobra los agravios a la madre tierra con temperaturas calcinantes que abrasan a una humanidad consagrada en acabar con todo vestigio de vida en el planeta. Nada parece detener esa autodestrucción que el hombre ha provocado en su entorno; de esas convulsiones que originan la intoxicación del aire, las aguas, la tierra misma sometida al extractivismo para explotar la riqueza del subsuelo. Otro tanto hacen las guerras, el uso de químicos y la alteración genética de plantas o animales. Pero este ecocidio no parece concientizar a nadie y mucho menos tomar medidas y hacer estudios para frenar esta hecatombe. No habrá ningún arancel que impida el aumento de los desastres ecológicos, con una naturaleza desquiciada y perturbada por el hombre y su codicia de poder. Ni Donald Trump, la ballena Moby Dick, de Herman Melville, y su poderío letal podrán detener el desquiciamiento de mares desbordados, terremotos, tsunamis, huracanes, sequías, inundaciones, deshielo de los glaciares y lo peor, el calentamiento global. A casi un mes de iniciarse la primavera -no precisamente la del gobierno de Oaxaca, de izquierdistas trasnochados- y de cara a la Semana Santa, los termómetros se disparan a mas de cuarenta grados a la sombra y sin que caiga una gota de lluvia; la sequía comienza a hacer estragos en el campo y la escasez de agua en las ciudades. Pero eso no importa, pues con la Semana Santa ya en puerta comienza el negociazo para los mercaderes que el Nazareno lanzó del templo, pues es la oportunidad de los hoteleros, restauranteros, de negocios de bebidas empedantes del centro histórico, taxistas y hasta memeleras para desplumar a los vacacionistas extranjeros y nacionales cobrándoles los servicios a precios estratosféricos a su juicio y arbitrio, sin que nadie frene a estos hambreadores. Son días de meditación y reflexión, en que el arrepentimiento y los buenos propósitos solo tardarán lo que duran los días en que se conmemora que hace mas de dos mil años, Jesús trató de redimir a la humanidad. Ahora la misma tierra del Nazareno está poblada de genocidas.
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ANTE la presencia cada vez más acentuada de una crisis política, económica, social, ambiental y violaciones a inalienables derechos a la vida, a la tierra y al territorio, así como a la movilización, la organización, reclamos y lucha social, el 31 de marzo último se constituyó la alianza Unidad Anticapitalista de Pueblos Organizados de Oaxaca (UNAPO). El evento tuvo lugar en las instalaciones de las Organizaciones Indias por los Derechos Humanos en Oaxaca, y la forman aparte de OIDHO, el Frente Popular Revolucionario (FPR), Asamblea de Pueblos, el Consejo de Comunidades en Resistencia del estado de Oaxaca (CCORO), Servicios para una Educación Alternativa (EDUCA), la Unión Cívica Democrática de Barrios, Colonias y Comunidades (UCIDEBAC); acompañando esta alianza estuvieron maestros de la Sección XXII de la CNTE, la Asamblea de Pueblos del Istmo en Defensa de la Tierra y el Territorio, la Unión de Pueblos Chocholtecos y Mixtecos y el Frente Popular Francisco Villa México Siglo XXI. Algunos fundadores de esta alianza son antiguos luchadores sociales y ex presos políticos que enfrentaron a gobiernos autoritarios como los de Diódoro Carrasco, José Murat y Ulises Ruiz, como son los casos de la maestra Jaquelina López Almazán y Alejandro Cruz López, así como el desaparecido Samuel Hernández, a quienes la procuradora ulisista Patricia Villanueva Abraján les advirtió que para ellos ya “no habría cárcel” cuando reclamaban la libertad de Abraham Ramírez Vásquez, dirigente del CODEDI. Otros pronunciamientos en los que fue específico la UNAPO fue la condena a los actos represivos del gobierno del Estado, la imposición de los megaproyectos a través de la violencia, la militarización, la criminalización, el terrorismo judicial, persecución y asesinatos de defensores ambientalistas y de derechos humanos por parte del Estado y el crimen organizado, así como las desapariciones forzadas y feminicidios que reflejan el alto grado de descomposición del régimen y su aparato, el cual se asume como de izquierda, feminista y hasta indigenista. Acusaron también al gobernador estatal de ser un aliado del capitalismo global; que presume ser el gobierno de la primavera oaxaqueña, pero en realidad asume las mismas practicas del priato con 57 defensores de la tierra asesinados en lo que va de este sexenio.
Por lo pronto enfatizaron que no los anima ningún propósito de un techo financiero, sino temas de justicia. So long raza.